Hay un sendero de ojos prendidos
tras el tul que juega a ser tu piel
quizás me hayas tomado en sombras
o tengas el don de ella, odalisca excelsa
que cimbrea la brisa, y su sonrisa regala
delicada, trenza conjeturas, se escurre
y bajo el sencillo atuendo de unos dedos
acaricia el aire, ahueca las paredes invisibles
atrapa a propios y extraños, obnubila.
Hay un sultán quebrado en mi pecho
que no quiere dejar escapar tu hálito
ninguna noche, mientras la cítara suena
siente como tu vientre se contonea
atrapando su latente existir, se esposa a ti
acaso sea un sueño, tú rescatándolo, pequeño
de una embozada, iglú de estrellas en el cielo
bajo las cúspides de mil luces de cristal.
Hay mil historias que hablaban antes de saberte
ahora comprendí mi anhelo por soñar
tú te cuelas ahí, en esa nebulosa de algodón
me congratulas con la danza sempiterna
arribando cual las olas de un mar sereno
entre canícula y frescura, sudorosa de jazmín
entono un bravío quebranto cuando despierto
y corro raudo durante el día, para que vuelvas
sueño, que me la devuelves, onírico mundanal
ya te tengo, y al mago del desierto pediré
a cambio de mi vida, vivirte en cada rincón
por mil eternidades, pues somos céfiro escurridizo
a cada lado del muro del tiempo, vente y volaremos…
Hay un cuento de noches mil, y un solo rostro
el que supiste esculpir en mis retinas veladas
con el cincel soberbio de tus contoneos perfectos
nada espero sino tenerte entre el azahar cada noche.
©Santiago Pablo Romero.Bluesman.
Imagen: Alicia & Rocío, misc JacqPaRo.
