En el filo de la navaja…
Encrespado sientes tus ojos en dilemas ocultos
Y muerdes tu labio inferior en rabia contenida
Ante el conflicto sin solución de asirte o no.
Hinco las uñas en mis palmas por no romper
Cuan espejo donde viste un rostro desconocido
Al tragar saliva, en una plúmbea amanecida.
Azafranes tintan tardes de pantanos pútridos
En el resquemor de caídas de ignaros silentes
Preñados de estulticias mil sin fundamento.
Tras mucho quebrar nómadas en desiertos
Beber en pozos de lodos sacramentados
Y rodar por acequias de medio pelo, vuélvome.
Ante la cara desleída de un poema sin apodo
Refuljo de sombras ansiadas, azulinas de plata
Sin menoscabo de cleptómanos, prejuiciados.
Sentiré el filo de la navaja partir las entrañas
De un cuerpo despojado de alma sin esmeros
Y volveré el rostro hacia la expiración, lucharé.
Serán mis amigos los que porten el yacente
Impío hombre sin tapujos, abrupto sin vida
Al bajar la curvilínea sinusoidal del riachuelo.
Sembraré de lacrimales fluyentes el túmulo
Desde el que reprimirán las huestes vencidas
Por portar la roca pequeña, firmeza hirsuta.
Escrito quedarán por sus pasos, la huella
De una voz cernida por el tamiz de sus arrojos
Erguidos detrás de su intensa saciedad sonora.
Ágoras clamarán con brazos altivos, un son
Dirimido por espíritus henchidos de grandeza
Y sobarán el cielo increpado con sus sonrisas.
©Santiago Pablo Romero.Bluesman.
