Eran grafías azabaches
afiladas, igual que garfios de acero
en el edén inocente
de una mirada tan sencilla y nueva.
Eran lanzaderas al viento
dibujando, contornos sin quejas
recovecos de niños en el recodo de la brisa
justo ahí, donde los mayores
pierden la razón de ser
y convierten lo cotidiano en un infierno.
Eran caminos paralelos,
carcomiendo instantes, con puertas de brío
fechadas cual si amenazaran el horizonte
con llevarles una salida
sí, un sentido a tantos trenes de ida y vuelta.
Eran perlas negras
siseando por un cuento con final feliz
un puñado de trigo con forma de hogaza tierna
y dos empellones de candor
con olor a pan y humanidad, a su madre y un hogar.
Eran cuerpos pequeños
con almas grandes, con ganas de vivir
allí, o lejos
tras las barreras de hojas afiladas, o muros de hormigón
a mil kilómetros de allí, o incluso
donde no se pone el sol
pero estaban dispuestos a perdonar la barbarie otra vez
y poder golpear aquel balón
desinflado, recosido con una decena de sietes
mas eso sí, poder hacerlo contigo, amigo
que una vez nos separó el ardor de una mala palabra
o una inconexa decisión.
Eran ideas nuevas, en un lapso nuevo lleno de esperanza
con días extras que aceleraban las formas
por sobresalir, aquel tránsito con ganas por llegar.
©SantiagoPabloRomero.Bluesman.Imagen:RED&JacqPaRo.
Music: Jeff Healey-Blue Jean Blues.
