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miércoles, 17 de octubre de 2018

Quietud…


Quietud…


Me hallo saboreando el instante
ese sortilegio,
un sorbo que promete el sosiego
al sentir evacuar sus aguas el río,
estar detenido a sus orillas, sin piedras
relucir los primeros grises del pardo otoño
y recordar el sol generoso del estío

me hallo aquí
a dos palmos del comienzo
juntando las manos, sintiéndote cerca
brindando por tu sonrisa generosa
gimiendo en cada mirada de soslayo
y divirtiéndonos como zagales
al paso de los padres

me hallo tan así,
cómo te decía, aquello del primer día
rindiéndome a tu beldad sin conjeturas
ni siquiera el tiempo horada
la conjunción de este cosmos,
tan nuestro, tan tuyo, tan mío
sencillo como mis caricias
titilante cual los envites de la marea

me miro, me palpo, me imagino
y comprendo
todo ha cambiado, subimos, crecimos
y volvemos a trepar, y a ascender
un sorbo de vida cada día
dejando el vinilo recorrer los surcos
tan viejos, tan desgastados, tan fuertes
nos veo aquí, mar salada
que fluctúas el dulce aldabonazo dadivoso
de unas orillas prodigiosas

nos miro y me rindo a idolatrar
aquel día, aquel septiembre tan lejano,
tan entre los dedos
y busco tu complicidad
y te veo, te tengo, te siento
te abrazo, te aprieto, te beso, te mimo
te busco, te hallo
me regalas, me consientes, me miras,
me sonríes, me encumbras
me sostienes

meramente me haces yo
igual que el río a la mar
que la mar al río
y entre tanto, tanta quietud, tan paz
tanto, tanto amor…

©SantiagoPabloRomero.Bluesman.Oct18.
Imagen:Olina.
Music: MichelleGurevich-SomethingHasChanged.

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sábado, 28 de septiembre de 2013

Quietud…

Quietud…

Corre, corren, disertan en el ojal
Entre los dedos torpes,
Escapa el abotonado de su camisa
Harapo raído de un sutil perfil de dandi
De sonrisa generosa.
Aprieta, aprietan, el paso en el redil
Entre los rieles de un traqueteo metálico
Espantados de un tumulto
Corroído de ciudad, sucia excrecencia
De triste melancolía.
Quieto, quietud, diligente porta en sus hombreras

Caídas, desaliñada figura enclenque
Asociando vuelos de golondrinas
Estaciones inciertas,
Y dentelladas al aire, para gozas la llovizna.
Silencio, silente es su voz
En el mundanal ruido creciente
De una mañana preñada de prisas sin tiempo
Esquizofrénicas caras lo desprecian
Porque saborea cada paso, lento, sinuoso.
Quinientas rupias de arroz
Y azafrán, un orbe de algodón de azúcar
Un breve apeadero del éxodo
Viaje interior hacia el lado del río que piedras
Cincelan su romo canteo, para rodar sin tropiezos.
Unas perlas inexistentes
En el ardor guerrero, esquivo del día a día
No relucen, sus párpados cerrados oprimen la luz
Desbaratando las pequeñas formas
Disueltas entre los verdaderos aconteceres.
Separado de la algarada
Esculpe un proceder sabroso de pequeños bocados
Un rumiar delicado, entre tallos emergentes
Húmedos sus pies, ha llovido, su boca dibuja la media
Y su pecho henchido grita sin voz, se sabe reconocido.