Enfilando…
Aún queda cuesta que subir, sí, mañanas gélidas
que albergar el bofeteo duro de la brisa invernal
para saber del candor humano, del rostro amigo.
Llegaremos con ansias al ecuador del rocío, sin nieves, seguro
pero comenzaremos a sentir el llamado de un encalado dicharachero,
uno de los soportales del febril níveo que recubre nuestra estela.
Mas vamos, lentamente, o raudo como el viento de la tarde
escogiendo cada uno su atuendo estacional, el uno corriendo las calles,
otros sumando ramajes, lentiscos, limpias olivareras, carrascones,
acicalando la muy bien pulida efigie en esa medalla, de plateada estirpe.
Todo va cambiando, para seguir igual, unos hombres ya no están, y sus hijos
o sus nietos pasean el nuevo recuerdo, asidas las huellas por las solapas
sin menospreciar aquello sembrado, irrigando con el mejor ser, los sentidos.
Cuando se arrima el final del primero a puerto, revolotean las mariposas
mas no aquellas de la primavera, no aquellas sobre las hierbas nuevas, no,
sino estas que no se ven con los ojos, sino estas que se sienten en el vientre,
estas que acicalan nuestro mejor talante, y que solamente son comparables
al rugir de un prendado ser bajo las dentelladas del arrumaco de su amada.
Juego con las letras en una esquina de este variopinto mirador, fisgando pasar
a cada transeúnte ensimismado en sus pensamientos, guarecido bajo el abrigo
y rumiando qué hará para dilucidar este nuevo advenimiento frente a su puerta
esperado periplo que cincela los años, faro y guía para unos, muescas a otros
sin comprender cuán raudos son los años que nos vuelve la piel aceitunada,
preñada de cicatrices indelebles, de evocaciones en sepia, de nuevas expectativas
pero sobre todo, logros, recuentos de hazañas, y condimentos necesarios del vivir.
Hoy me daba cita ante la hoja, con una imagen de corredores y encanados señores,
sí coetáneos que completan una nueva partida de esta rayuela sin esquemas,
que tiran su pétrea centinela al cuadrilátero pintado delante de sí, su sueño
para lograr acertar en cada uno de sus objetivos, rememorar un sinfín de hojas
arremolinadas sobre un ventanal abierto a la azarosa cantinela de este lugar,
un sitio acogedor, sencillo y complejo a la vez, un micromundo con cariz
y alas en sus pobladores, un manantial inagotable de buena gente, sí
porque a cada paso se sienten henchidos de llevar lejos su nombre, Trigueros
o quizás, simplemente les rezuma en sus poros con tal fuerza, que lo hace inevitable
Viva este pequeño bastión, vivo y fuerte, sean sus habitantes, seres encomiables.
©SantiagoPabloRomero.Bluesman.SAA16.(2)
Eric Clapton. Instrumental Blues Jam.
