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lunes, 13 de junio de 2011

El Ocaso de los Tabúes…


El Ocaso de los Tabúes…
Querían tela sedosa, para su chaqué
La mejor madera de palo santo, para su efigie
Y la mejor fruta fresca, todo por un puñado de grano
Disconformes nos quedaban las escuálidas fárfaras, a qué
Y el estío trabajó duramente, acrecentó las larvas, inundó
Creando nubes de voladores aguijones y no hubo cedazos
Se habían gastado en velos de regias estirpes y alcobas vacías
En el río seguía creciendo el lodazal, cubriendo los pies descalzos
Intocables señores de pedestales sin palabras, y plúmbea coraza
Horadando sus cimientos, cegados por el brillo áurico de su báculo
No hubo antídoto, morir matando, sin reconocer el descenso
Sin atisbar sus vanos vocablos, sordos de entendederas
La hoguera de palo santo, el pedestal fraguado en llamas vivas
El ocaso de los dioses, en su propia trampa de lujuria y prepotencia, y aún en la pleitesía del vencedor, no respira
Alienta su último respiro en dura confrontación y leña molida
Mas no importa, el aroma impregnado de la combustión maderera de los pedestales, alienta el grito desgarrado del hambriento, se acabaron los Ídolos, es el momento de las Personas.
Cuela tus patas en el baúl y emprende el viaje al otro lado.

miércoles, 26 de enero de 2011

Vientos en el Horizonte…Changes.

Vientos en el Horizonte…Changes.

Hoy el rugiente siroco aderezaba la tarde, racheaba enojado. Abatido por tu marcha sin despedirte. Ni un adiós, ni un hasta luego. A veces la zanja que separan a los hombres no ha de ser muy profunda, pero sí ha de estar sustentada en razones delimitadas con las palabras adecuadas, para así enterrar en ella los rencores subyacentes para otros posibles encuentros.
En el horizonte se derrama un rojizo astro de cambios, de deseos y esperanzas. Altivo has de marchar, mas entregando la daga, para no te permita acabar la huida con el harakiri.
Peinas tus crines en las tenazas que dispuestas están para masajear tu cuerpo al pasar entre ellas, alocado instrumento.
Redobles de aceros redomados por la mano del férreo animal que llevas dentro, cicatrizando las llagas y quedando al descubierto la palabra de toma y daca, de defensa del hombre y por la única que merece la pena penar, pues como lenguas de incisivos ardientes recordábanme la vida sin libertad deja de ser simplemente vida.
Extiendo mis manos para soplar los pelillos cargados de mi esencia, y recuerda estés donde estés mientras tenga que esperar tu llegada, buscaré y te encontraré. Las ruedas siempre siguen su curso, hasta el final.