Pacto de Silencio.
Ni Ella ni Él pensaron que se conocerían de aquella manera. Un encuentro casual, o no, quién sabe. Hay quienes gustan creer que estaba allí el cruce, había de pasar. Eran blanco y negro. Su luz irradiaba de forma natural con un brillo blanquecino, como luna llena, proveniente de su aura. Él quedó prendado desde el primer momento de su caminar altivo, apuesto, desafiante, segura de sí misma. Aunque, como todos, escondía un pequeño lunar negro en su interior al que temía. Cuando aparecía desmontaba toda su alegría, su belleza natural se diluía cuan azucarillo en el hirviente mejunje aquel que gustaban a ambos. Él lo llamaba americano, ella decía que el suyo era mejor, ambos se tomaban ese brebaje después de pasado el tiempo, mientras conversaban en aquel porche de la primera vez. Esta vez en cambio eran tres, pues no hay noche sin luna, como no hay día sin sol.

Bueno cierto es que cuando nos topamos, fue como un alumbramiento de algo perdurable, pues dicen que las cosas que comienzan fuerte, son las más duraderas. Algunos sellados en sangre, duran para toda la vida. Es como si se hubieran mezclado en el fragor de una batalla en pradera medieval. Tú te me uniste, y juntos vencimos a la dama negra. Incluso el más bravo guerrero necesita unos ojos que lo miren en momentos arduos de la contienda. Esa mirada le protege, le brilla, le alumbra con su luz de forma directa o indirecta. En su presencia, o en el espíritu de su medallón entregado antes de la partida, éste imprime calor al pecho cuando lo necesita. Es pacto de silencio, entre tres cuerpos, un solo alma. Nunca romperán dicho pacto, es uno en la lucha cualquiera que sea el vórtice a superar.
Hacía años luz que tomados de las manos observaban transcurrir el agua cristalina, como sus vidas. En ella se veían reflejadas las mil y una peripecias habidas, altos y bajos, alegrías y tristezas, blancos y negros, pero desde que el pacto siempre fue más llevadero. Esa mano que se necesita siempre estuvo, siempre aunque estuviera lejos, el medallón los unían, la cercanía del grito apagado en la noche llegaba al más recóndito lugar. El río Orrad sigue transportando las mil y una historias que sus vidas vivieron. Todos envidiaban su capacidad de estar, porque no comprendían. Sus mentes no eran capaces de llegar al nivel de saber que dos fuerzas contrapuestas, a priori, son las más fuertes a la hora de proteger al ser querido, en ello son complementarias y conocedoras de todos los caminos. Esa mano que aparece en el momento adecuado te salva de locuras sin retorno.

Bellisima historia, creo que a veces, es necesaria la luna, porque en algunas ocasiones puede servir para rescatarnos del implacable y debastador sol....pero en otras ocasiones, tambien puede volver a beneficiarnos la luna,ya que nos puede hacer valorar mas el sol....Todo es necesario, todo es magico, todo puede ser hermoso...no puede haber vida sin sol,pero tampoco sin luna.....Saludos y que los hados nos sean favorables....La Vampiresa
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