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jueves, 16 de junio de 2011

No Voy A Hablar Del Eclipse De Luna…

No Voy A Hablar Del Eclipse De Luna…
Alineamientos en las bocas de tod@s. Será pletórico, ululan las gargantas, toman posición frente al lugar, esa platea donde se engalanará a la diosa de la noche, donde se cubrirá y se desvestirá, se miran los voyeur del encuentro. Entre tanto yo, No. Me dedico a prepararme para el aprovechamiento insano, dirán. Atemporal, envidiarán, y repudiarán, otr@s. Su influjo notaré mientras te desvistes, tú, Luna. Ella se sacará su envoltorio, su espuma, su fragor y su láctea esencia, se me mostrará lasciva. Me salivará la boca al verla allí, abierta, entregada, deseando la penetre, le sorba el dulce emolumento que es su carne, suave, vaporosa, turgente, muy duro, al entrar en el sinuoso contoneo, duro muy duro. Unas fricciones, unos envites, unos segundos, unos soplos cálidos en las zonas más sensibles, y su jugo aparece, lubrica las capas más externas, envuelve su dureza y se entrega. La miro, me mira, se me abre, me grita en silencio, con sus sonrosados colores, me susurra, entra en mí, saboréame, cómeme, toda. No quedes nada de mi carne, éntrame esa máquina de penetrar, de arrancar sabor y ensoñaciones de deseo. A medida que tod@s, en la calle, reían y cantaban vítores. Yo me bebían su esencia, me relamía por lo que ell@s no saben, se están perdiendo. L@s que se creen partícipes de un momento especial. Ell@s que se les quedará la boca seca, los ojos obnubilados, la desazón de no haber sido para tanto.
Mientras, tras la cortina, vaporosa, nosotr@s, ella y yo, relamiéndonos de nuestro escarceo perfecto. Esas doradas cumbres, entregadas a mi lasciva lengua, ese oscuro secreto del deseo, mordido ardientemente por mis incisivos, con ansias y al final cuando todos gritaban: se ve el cielo rojo. Aquí ella me entrega el carmesí, el culmen, el colofón y grito sí, sí, sí, se acabó. Qué gran obra, que pletórico momento, este elixir del que participamos juntos. Tú, la excelsa copa, preñada de dulce y leche, con corazón de chocolate y fondo de fresa. Me has llenado el alma. Y entre tanto tod@s los demás hablan del Eclipse de Luna, nosotr@s nos derretíamos el uno a la otra. Qué riiiiica, coooño.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Airolg…AirGlo…Gloria…

Airolg…AirGlo…Gloria…
Ofrecías salvación, y apenas tenías que comer, pero tus apariencias marcaban estilo, nadie diría que estabas por debajo del nivel de pobreza de los estudiosos. Pero dabas y no pedías.
Eras el iluminado para otros, eras el loco para muchos, todos te mantenían lejos, una cierta distancia es buena, solían decirte.
Mueca al canto y respuesta concienzuda, bueno pues a mí qué.
Ni el niño mimado de dios se dejó matar por mí, ni los otros son culpables de haberlo matado porque me haya chivado, pues las monedas de plata no eran importantes en mi talego.
Las ideas comenzaron a plasmarla en unas manipulables hojas en blanco, sin percatarse que era la mejor manera de poderlas eliminar todas juntas. Siempre se habían trasladado en las mentes de los viandantes, de los caminantes perdidos por el mundo. De boca en boca, es cierto que las cabezas eran más caras de reponer que las páginas incineradas.
Las nuevas formas se imponen, y dicen que serán las que eliminen la cultura, uys, uys, será cierto lo que los agoreros de cuello almidonado preconizan o será que les temen a que incineren las amontonadas y llenas de carcoma de los estantes de sus bibliotecas, será que no ganan sin pensar. Será que se cansaron de mover el intelecto y ahora quieren sodomizar el duodeno, será que les ha llegado el tiempo de ejercer de devoradores de gambas blancas y no pueden tomar las níveas hojas sin mancharlas con el aroma de fluidos tan parecidos a la de falta de petróleo de bajos de algún@s.
Viniendo por la calle veía a un titiritero haciendo de astronauta plateado hasta los interiores de las retinas, pero claro ese no tiene copirrai, tendrá sólo loquecoja de la gorra…pero a ese que le den, quién cojones le habrá dicho que es un artista, para eso ha de tener una silla numerada en la Demia de Acá por lo menos.
Mundo lleno de gloria, me decía Gloria cuando veníamos de gloria por las aceras, subiendo y bajando por la peatonal, sin atascos más que de dicharacheros y músicos de bailes de los cisnes en la calle y gorra en el suelo, echen s’il vous plait. Parece que estamos en la gloria, me repetía una y otra vez Gloria. Aquí escuchamos la mejor música, nos obsequian del mejor teatro del mundo, nos enseñan las miserias del cosmos civilizado y del otro, vemos persecuciones policiales como en la tele, y hasta el mendigo con el tintorro en las manos sonríe cuando nos ve saltar, 
llenando el espacio circundante de colores a golpes de papeles tintados de nuestras locuras.
Y además tras el objetivo el fotógrafo dice que las cosas son bellas, no porque lo sean, sino porque pueden hacerse para que así se vean. Demostrando como hasta una mutilación puede pasar desapercibida y solventada con grandes dosis de curvas perfectas.
No pude más que contestar, esto es la gloria, Gloria.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Aquí está…

Aquí está…
Tomando la rosa con dedos diminutos, frágiles, dóciles y en frente espinas protectoras, afiladas esquirlas de cristal púrpura que viven para vivir, y tú empecinada en tomar lo prohibido.
Serpenteas y divagas entre roces y ungüentos a la caza del adagio de exquisitez, sin atender a su valía.
Si duele, soslayas tu sensación, ciega de brío lechoso.
Niegas la lesión, niegas la longanimidad, y sonríes en ternura grácil de belfos en jardín primaveral, brillo irrebatible.
Siempre corto él, bello y colmado de luz, día frente al taciturno sombrajo repleto de negritud, tormento de vivos y vida de fantasmas, de espumajos enfebrecidos.
Liberados de conciencia religiosa, tras saber que murió el cordero, cayó el pedestal de idolatrado becerro que calló a la muchedumbre. Entregados a la grandeza de vivir.
Tómalo, no pienses en lo poco dado, sino en lo mucho por lograrse.
Tómalo, es todo tuyo, este pequeño obsequio, mi pecho. Servirte quiere para poder alojar tus secretos, tus tintas posadas sobre hojas de laurel, loadas en manglares de asueto inmarcesible.
 Gotas de rocío capturadas en el tamiz del pliegue de tus senos. Déjalos recorrer para que tomen la calidez del lecho recorrido de lavas de volcán que entretejes en tu interior.
La brisa coloreada en la caída de la tarde, tintada de cobriza presencia de luces decadentes proyectadas en un rostro anhelante de miradas,
 que sepan vestir la desnudez del solitario lobo estepario, que mira a su presa con la religiosidad sapiente de ser alimento, apesadumbrado por  la caída en sus garras.
Emblemático equilibrio otorgado entre los cielos y el horizonte helado para apaciguar los rencores detraídos de las contiendas de humanos cegados.
Aquí me tienes sabe decir el entregado ante la receptiva mirada de quien se sabe deseado.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Temptation…

Temptation…
Hacía largo que no tomaba nada. Circular el plegado papel, rellenado con esmero de la mejor hierba, pasé mi lengua por el filo en peligro de ser sesgada en su fina y resistente hoja. Prendí al mismo tiempo que me recostaba sobre la cama. Tu visión en mi visión, igual que si estuvieras delante, como tantas veces. La primera calada hasta dejarme inerte, en la nube que nos subíamos juntos. La noche había cerrado sus puertas para no dejar pasar a nadie más, éramos los que éramos, los mismos.
Las calles difuminadas entre haces de brillos especiales para la ocasión, debemos de vivir la época, la estival fiesta que nos han preparado sin nuestro consentimiento, sin preguntarnos si la queremos. Nos han bombardeado y así seguirán durante largo trecho desde sus melodías anodinas, repetitivas y pegadizas, gasten y gasten, si no gastan serán desterrados del paraíso.
Una nebulosa envuelta de miles de aromas, en forma de rosas de papel impregnadas en sucedáneo de esencias naturales. Luces brillantes, cuantas más mejor, más luces más fuerte el endeudamiento directo o postergado. Psicosomáticamente estudiado para que nos sintamos culpables si no entramos en su juego, en su agónico grito para destripar unos emolumentos que no poseemos. Nos harán creer, nos harán dudar y nos mirarán de arriba abajo antes de ofrecernos. El plástico es de buena calidad si tienes un respaldo de sudor capturado en forma letreada y a largo plazo mejor, que mejor.
Mareado estaba cuando llegué, cuando redondeaba el papel para que tornara en petardo. Ahora me empiezo a dilucidar que no estás. Te fuiste encandilada por una promesa de mejor futuro. Como los de antes, un buen partido. No me importa. Al menos ahora no me importa. He comprendido mi valor. No estoy en venta. Aunque quizás hubiera estado dispuesto a vender mi cuerpo y mi alma por ti. Te dibujé, con él.
Casi tuve la tentación de alegrarme del suceso que vi en las noticias. La chica había sido arrojada por las escaleras de unos grandes almacenes por su chico. Una nueva víctima de género. Aunque debieran de llamarlo de degeneración. Le recriminaba la carestía de su tarjeta, de la falsa promesa de comprar lo que quisiera. Y por ello la hizo volar la última vez.
Tuve la tentación de alegrarme por tu planeo. Me sentí ruin, tan solo un momento después de pensarlo.

Ahora escribo estas letras, esperando en la salita de urgencias, esposado, donde te han operado y aún no me despejaron la duda. Aunque el tiempo ha sido suficiente para aclarar mi borrosa tentación de alegrarme. Espero te pongas bien y el degenerado que te empujó se pudra en el cementerio.
 Pues no importa que tenga que creer, a ver si decides aprender y pasar el tiempo de mi encarcelamiento, por tu venganza, en espera de mi salida.
No me importa ya que te fueras, me importa si volverás.
Sigo viendo tus ojos azules, grises, verdes, en fin…observo el poema que leías, donde señalado tenías mi escrito…

lunes, 20 de diciembre de 2010

Otra vez…Invierno.

Otra vez…Invierno.
A poco que me descuidé, se acortó el día, me atrapó la noche. Prisionero me deja, encadenado a mis letras sin poder escaparme por la ventana como me gustaría, cerca de ti, agarrado a tu mano, como hacíamos en días soleados.
Apenas unas horas, para alcanzar el cenit, miércoles 22 de diciembre, a las 0 horas y 38 minutos.
En ese momento tendremos la oscura noche, más larga, la que nos mece con sus suaves manos, las que nos ronronea con su música fluvial, con los silbidos de aires, que hacen que nuestros cuerpos más se acerquen, busquen el cobijo del uno en el otro.


Copos de nívea y cristalina llovizna, rígida sobre escarpados bloques integrados, jugando a ser estatuas de efímera existencia, creadas para ser diluidas con la calidez de un rayo.
Pasando, mirando pero no parando, aligerando el paso, cerca de nuestro banco preferido, donde nos contamos nuestras confidencias, donde me tomas de la mano, donde me estampas tus labios teñidos de ese marcaje para mis lóbulos. Para que estés más tiempo portándome, me dices. Claro, sonrío.
Queda ese resquemor de saber si acertamos en la compra instigada de regalos, de dejarnos llevar de las luces que nos ciega y nos lleva de la mano a gastos superfluos, sí quién no los hizo nunca. Si no fue así, seguro no fue porque fue consciente, seguro se debe más a las posibilidades, ya sé, ya sé, que tú no.
Me da miedo cuando te veo alejarte en las tinieblas del bosque encantado, pero frío, preñado de la semilla de la triste época estival que comienza. Confío en tu vuelta, señora del bosque. Ya sé que tiene sus encantos.
Es cierto que tiene sus momentos bellos, cuando la bella plateada se eleva en el horizonte y siembra de azul todo el espacio translúcido que nos rodea y permite posar para cinéfilos, bella postal nos salió, eh!
La llamada del invierno suena en la lejanía, te pones melosa, me haces señas y te arrimas. Qué estremecimiento más humano el escuchar la noche y sus habitantes álgidos, donde marcan pauta, y su territorio queda señalado.
No tardará tanto en que el astro majestuoso se desperece y con sus largos apéndices consiga despertarnos del adormilamiento, pues tanto llegó como comienza a crecer, maravilloso día, crece, crece y déjanos disfrutar de tu luz.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Seducción Oscura…

Seducción Oscura…
Entre incisivos hambrientos, como pez en agua se siente. Estiliza sus sensuales curvas, sus cuerpos de anémonas, flexibles, elásticas, dúctiles, dóciles espiras atravesando los infinitos vericuetos. Taladrando las paredes abismales de oscura presencia. Blondas de satén contrastado en piel nívea.
Trenzando las lianas de sus prolongados cabellos, como raíces acrescentes, escrutadoras de terrenos infecundos. Sabedoras de zonas llenas de vida tras la maraña desorientadora.
Zarzal de espinas en acequias donde saciar la sequedad de sus labios agrietados por la crudeza de la noche.
Pateando calles y callejones de arcos góticos, de lugares exóticos, de búsquedas desesperadas y encuentros anhelados.
Danza taciturna que envuelve nuestros cuerpos mientras llegan a fundirse, otrora alejados.
 Baile de ciegos, de sordos de tela humedecida, de tactos insensibles. Floreando mientras somos observados por la fruición, del corazón resquebrajado, envidia.
Tus encajes marcaron la senda por donde guiarme, por donde dejar llevar las germinaciones de mis extremos, dentelleando sus tejidos hasta destrozarlos, para poder liberarte de tu prisión.
Mantis devoradora, devorada pareces enjuta entre mis garfios. Incomprendido galán que disuelto entre azúcares quiso mostrarse y desabrido trago convirtiese sus desgarros al concebirte desfallecida.
La frescura oscura colmará nuestros seres de rocío, de niebla negra de capa protectora hasta la llegada de nuestro nuevo lance, la siguiente noche. Podremos disfrutar de las cazas fortalecedoras mientras haya noches, pues nos tenemos y eso es todo. Más aún, es lo importante.
Mientes ser fuerte tras tu velo, el luto no te durará, pues yo no me voy. Regreso siempre al caer el astro enemigo.
Hasta mañana, diosa oscura, amante mía nocturna.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Presente Envenenado.

Presente Envenenado.
Festividad, santos, días que celebrar. Todos llevamos regalos, queremos que nos traigan presentes. Damos sin importar, recibimos importándonos. Putos egocéntricos. Sólo queremos ser los rapa-nui de nuestro mundo. Celebramos tener la respuesta del problema de los demás, haremos lo que mejor les conviene. No sabemos solucionar nuestro simple tiznón en el antebrazo, pero creemos tener la solución de los infinitos problemas de los demás, que además para nosotros no serán más que minucias.
Seguro que Adolfo, llevaba razón, al hacer lo que hizo, pues lo hizo por el bien de los perjudicados y el mejor bienestar de una sociedad futura.
Algunos nos llevaremos las manos a la cabeza cuando vemos al Gran Nico, tomar las decisiones que nosotros pensamos que solucionarían determinados problemas con esos  que no queremos cerca. 
Deseando se solucione, antes de verlos en nuestro limítrofe espacio.Nos llevamos a la cabeza las manos al ver que las madres ya pueden ser apenas portadoras de una decena de años. Nos revolvemos para llegar a abrir los ojos contra los desheredados de nuevo. Gritamos contra unos y otros, quizás estemos solucionando los grandes problemas del mundo sin solucionar los de nuestra habitación.
No sabemos como eliminar las simples criaturas que nos molestan en la noche con su monótono zumbido, pero llamamos cucarachas a los seres que esconden detrás de su falta de un fregado, la simple forma ancestral de vivir con sus propias leyes y creencias.
Pero nos quedamos más tranquilos, pues nuestra conciencia está a salvo, gracias a la donación del paquete de macarrones que dejamos por la mañana en la puerta del supermercado para que cáritas los repartan. Mirando de soslayo ese nuevo iPod que acabamos de comprarnos.
Ya lo sé, el iPod es más necesario, al fin y al cabo a ellos le vendrá mejor las lentejas.
Qué deseosos estamos siempre de los regalos. No nos damos cuenta de cuanto s trozos de cristal envenenan nuestra savia.
Qué No haríamos para disfrutar de un corazón plácido y tranquilo. Boom-boom…boom.

jueves, 28 de octubre de 2010

Pacto de Silencio.

Pacto de Silencio.



Ni Ella ni Él pensaron que se conocerían de aquella manera. Un encuentro casual, o no, quién sabe. Hay quienes gustan creer que estaba allí el cruce, había de pasar. Eran blanco y negro. Su luz irradiaba de forma natural con un brillo blanquecino, como luna llena, proveniente de su aura. Él quedó prendado desde el primer momento de su caminar altivo, apuesto, desafiante, segura de sí misma. Aunque, como todos, escondía un pequeño lunar negro en su interior al que temía. Cuando aparecía desmontaba toda su alegría, su belleza natural se diluía cuan azucarillo en el hirviente mejunje aquel que gustaban a ambos. Él lo llamaba americano, ella decía que el suyo era mejor, ambos se tomaban ese brebaje después de pasado el tiempo, mientras conversaban en aquel porche de la primera vez. Esta vez en cambio eran tres, pues no hay noche sin luna, como no hay día sin sol.


Se reían, por qué hemos llamado siempre a esto trino, si en realidad somos cuatro. No somos cuatro, la luna es vida gracias al sol, sin él no existe. Bueno aplíquese eso también al día y la noche. No, pues la noche y el día están unidos en un círculo eterno cuando uno llega, besando a la otra, ésta se va e igualmente en dirección contraria. En cambio la luna y el sol muchas veces juegan al escondite, unas veces están los dos, otras uno de ellos, otras la luna molesta desaparece aunque sea por poco espacio de tiempo.


Bueno cierto es que cuando nos topamos, fue como un alumbramiento de algo perdurable, pues dicen que las cosas que comienzan fuerte, son las más duraderas. Algunos sellados en sangre, duran para toda la vida. Es como si se hubieran mezclado en el fragor de una batalla en pradera medieval. Tú te me uniste, y juntos vencimos a la dama negra. Incluso el más bravo guerrero necesita unos ojos que lo miren en momentos arduos de la contienda. Esa mirada le protege, le brilla, le alumbra con su luz de forma directa o indirecta. En su presencia, o en el espíritu de su medallón entregado antes de la partida, éste imprime calor al pecho cuando lo necesita. Es pacto de silencio, entre tres cuerpos, un solo alma. Nunca romperán dicho pacto, es uno en la lucha cualquiera que sea el vórtice a superar.


Hacía años luz que tomados de las manos observaban transcurrir el agua cristalina, como sus vidas. En ella se veían reflejadas las mil y una peripecias habidas, altos y bajos, alegrías y tristezas, blancos y negros, pero desde que el pacto siempre fue más llevadero. Esa mano que se necesita siempre estuvo, siempre aunque estuviera lejos, el medallón los unían, la cercanía del grito apagado en la noche llegaba al más recóndito lugar. El río Orrad sigue transportando las mil y una historias que sus vidas vivieron. Todos envidiaban su capacidad de estar, porque no comprendían. Sus mentes no eran capaces de llegar al nivel de saber que dos fuerzas contrapuestas, a priori, son las más fuertes a la hora de proteger al ser querido, en ello son complementarias y conocedoras de todos los caminos. Esa mano que aparece en el momento adecuado te salva de locuras sin retorno.
 Es la mano adecuada, pues a veces nuestro interior está tan a la deriva que no queremos asirnos a quien amamos desde antes de conocer, tememos arrastrar lo más preciado con nosotros al fondo del abismo. Sin preguntar, sin pararnos a pensar, que es lo ansiado por los tres.





Por ello es importante cuidar al sol, a su reflejo, a la luz y a su brillo pues nunca sabemos cuándo nos veremos hundido en el abismo, no pensemos si es morena, rubia o pelirroja, sólo sabemos que es negro su corazón, esa dama que todos antes o después nos encontramos, y la manera de vencerla es mirando a los ojos del trino eterno, jurado en el silencio.