GABO… Espérame…
No me digas Tranquilina que Nicolás ha visto a Luisa, mientras adiestraba a Gabito con las florituras de la vida, advenimiento a un nuevo portal de tránsito.
Dicen que le vieron en Barranquilla, y supo dejar volar su voz. Y decían que no estaba sorda, ni siquiera muda.
Hubo de resignarse por Tercera Vez, a hallar a Eva, en el vientre de aquel felino especial. No anduvo quieto, ni quería ser Universal ni Espectador, degustaba el ocho milímetros entre volutas de humo. Naufragó entre maderas del Caldas, mas tuvo sorpresa en el otoño, y La Hojarasca se arremolinó para mostrar su atuendo dorado. Y supiste de París,
sorbiste vientos de amor, para ofrecer a Mercedes.
Ay de ti, Rodrigo que ya llegas. En la isla, supo de contar historias, y Cuba
fue hogar. Mas toda línea se torna al ajado Inmenso, porte sencillo y grandes
ilustres, desde Mutis o Rulfo, a Buñuel o Ripstein, todos de la mano, mas sólo
uno supo escribirle al Coronel de inconmensurable paciencia, sin nota alguna.
Parecía llegar La Mala Hora, pero no, nada eso llegó Gonzalo. Ya llueven
saetas, mas nadie las requiere. Cien años durará su soledad. Entre tanto en la
Condal abreviará su paso por el movimiento. Caen los premios, incluso el de
hombre libre de visitar al innombrable ogro de líneas y estrellas, pobres de
conocimiento. Hasta la plata brilla en sus manos, ya todo fluye. Plantea
disyuntivas a la Alternativa. Nace el Patriarca de hoja caduca. Lejos de su
Soledad casi eterna. Cruzan espadas los vertebrados nobeles, el Mario, el
Gabriel. Buscan su cabeza, se torna hombre fuerte, el M-19 le sonríe. Pero
Santiago Nasar llega para romper estelas, delinear hilos divisorios, por
millones de nívea hoja caduca. Alza su copa, bordando el liquiliqui y sorbe el
mundo, Brindando Por la Poesía. Todo es salvable, cuando el amor llega, a pesar
del cólera. Pero los Amores son Difíciles. Y el coronel se busca en su
laberinto. Con un trozo de alma arrancada del pecho, buscará noticias de aquel
secuestro. Lanzará para ello, aquella Botella al mar, y lo salvará el dios de
las Palabras. Viviré para contarle, y Luisa se fue arrancando salitre de su
rostro. Sabrá de vidas, y putas. De sabores y amarguras. De alegría y tristeza
en su don. Aracataca ríe y llora, el talento, multiplica los cañonazos, riza el
recuerdo, la soledad se hace larga. Todo se torna silencio cuando se apaga tu
voz. Espérame que quiero seguir tu estela, Gabo, espérame mi alma te sigue…
©Santiago Pablo Romero. Bluesman.
