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lunes, 31 de marzo de 2014

Una huella de salitre, menos…

Una huella de salitre, menos…

No, no he conseguido darte vida
Mas sí, sí he logrado desligar tu atadura
Con el pasado, ese reducto de oprobio perdido
En la memoria de los hombres.
He querido versar tu recuerdo, tu lamento
Tu vida arrancada por alzar la voz,
Ese plomo escurridizo que abrió tu pecho
Sin justicia ni razón, esa hiel entre deudos.
Pétrea efigie se alza donde yace tu remembranza
Porque hay quienes no olvidan, la crueldad derramada

Al hacedor de palabras, al inocente orate cantor
No más culpa, desgranar la realidad sin tapujos.
Acá se yergue una roca mimada por manos rendidas
Sabiendo de la deuda nunca cobrada, paz, sí sembrada
Pues somos simiente esparcida y fruto del cultivo,
Tesón de la Palabra sobre el acero, y voz sobre el silencio.
Hoy una lágrima menos recorre mi rostro
Pues no borramos la huella del salitre descorrido
Pero sí, sí arribamos a un puerto nuevo, un encuentro
Con el corazón abierto de aquel que sabe ser ecuánime.
Y las saetas recorrerán el periplo de nuestras vidas
Sazonando cada mañana plena de aurora en el albor
Vertiendo buenas maneras, prójimos curtidos en el sudor
Reescribiendo aquello que una vez fue olvido u omisión.
Sabremos caminar al lado, no repitiendo ignominias
Alentando la armonía de un arpegio que suena fuerte
Al salir el nuevo sol, aquel que riega todas las fauces
Sin diferenciar el peso de la plata acarreada en los bolsillos.

©Santiago Pablo Romero. Bluesman.



domingo, 12 de mayo de 2013

Una voz,Un hombre…


Una voz,Un hombre…

Diletante iconoclasta de arcilla
Asemejas tu timbre a una campánula pasmosa
Grandioso porte has escogido a rellenar
Y cubres los vacuos espacios del otro
Cimbreas al león poderoso, de pelambre suelta

Entre piezas de plúmbeo feroz de un colt
Aderezas la luz de un azabache oscuro
Tras la destreza del amedrentador cielo
Cargado de estrellas en guerra.
Clavas a la sazón el intelecto exquisito
En mortal señal de identidad, una voz rueda
Un hombre se desvanece entre las arenas
Un cuarzo irredento que nos diluye y envuelve
Mas nada, deshará el lineal trazado
El aldabonazo hincado en el corazón de nuestra memoria, cuando suenes te sabremos.
Un inmenso descalabro nos acoge, sabido sí
Cuan mortales de serena espera, resignad@s
Ya suena el instante, ahora toca dejar descorrer los nuevos cortinajes, aquellos donde aguardamos el mejor recuerdo, el mito nace.