Va por ti…Pepe.
En un Convento sin memoria, todos celebraban la muerte de un tal Ricardo, no sé si sería Reis, puede que lo fuera. Hubiera sido gustoso uno de los Levantados del suelo, por ellos, por nosotros, por mí mismo, caído. Cuan Balsa de Piedras, todos miraban mientras obnubilados por la lectura de un Evangelio interpretado por el mismísimo hijo de Dios, Jesucristo, provocó el destierro de tan preciado hombre, preciada persona, acogida con brazos abiertos por isla volcánica, parida del centro de la Tierra, de la Pachamama sabia, puesta allí para ser cuna hasta el gran viaje. Donde recordar Todos los Nombres, todos los de ellos, también, nunca rencor, siempre recuerdo. Y si entre tanto debemos mirar a la sociedad, podremos hacernos reconcomer por dentro en nuestro consumismo exacerbado, podremos volver a La Caverna y disfrutar de la soledad entre la multitud, demostrar nuestra entereza de interiores frente al borreguismo imperante, bien visto. Incluso cuando miremos en el espejo del alma, y nos encontremos con nuestro Duplicado, preguntas, más preguntas nos atormentarán, pero lograremos seguir. Y cuando nos pregunten los mandatarios, responderemos en blanca y nuestra Lucidez, les hará recapacitar de la muerte eterna de la gallina de los huevos de oro, la que estamos estrangulando con nuestra desidia.

Humilde mi bagaje, rica desde que porto tus letras, mi desván lleno de ellas, In nomine Dei, te agradezco tus enseñanzas. Sé que no te molestarán estas letras. Gracias PEPE, va por ti…Compañero.
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