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lunes, 19 de abril de 2010

Los Lunes?.Que los eliminen.

Los Lunes?.Que los eliminen.

El maldito, intermitente y maquinal despertador, canta la horripilante diana de la mañana naciente. Artificioso invento que machaca nuestros tímpanos, nos pone los nervios a flor de piel. Mañana tras mañana, todos los días le notamos reírse cuán más cabreados nos siente. No sabe, aunque igual sí, que cuando llega el sábado y no suena, le miramos con gran satisfacción. Le susurramos, hoy no, hoy he vencido yo. Pero él en cambio no se cabrea, será una máquina. Pues no hay algo que más cabree a un humano que la sonrisa de otro. Pensaréis que estoy equivocado. Pero somos tan egocéntricos, tan narcisistas, tan nihilista para con nosotros que nos entregamos el máximo derecho de reír, de sonreír, incluso de hacerlo sobre la inapetencia de los demás. Aún eso, no es lo peor, sino la negación del derecho del otro a ese bien.
 No permitimos la felicidad de los otros, si podemos evitarla. Somos lunáticos exacerbados. Al menos los días entre semana. Llega el viernes en cambio, y un elixir mágico se extiende por el ambiente. Los espacios se ensanchan. Cabemos todos, hay sitios, lugares, eventos para todos los gustos y disgustos. Parece que el sacristán de esta grandísima catedral hubiera colado en el incensario una ración de maría y lo siento pero no me refería a la virgen. Ha conseguido, como ocurre con los votados y aledaños en época de elecciones. Todos con cara de borreguitos derechos al matadero. Parece que no han roto un plato. Todos los días deberían ser sábados o domingos o fiestas de guardar.

Ya sé que diréis aquello de, a no, yo no, a mí no, yo nunca, jamás de los jamases. Pero cuántos no hemos deseado pegarle con la escoba, el cenicero, o el libraco ese de mil páginas en todas las narices, a ese engreído, ninguneador de seres más débiles que él. Sí más débiles, pues él juega con la coraza que le preserva, él nació en el lado del río donde se manda, donde se come, donde se tiene para vestir con suntuosos trajes.
 Que pueden pasearse por ahí en un descapotable rojo y decir que son anarquistas, en los círculos más progres. Pues sí, todos nos hemos sentido así alguna vez. Bueno todos menos tú, que eres perfecto. Que tienes la semilla dentro del camaleón. Cambias de color cada vez que te posas sobre una superficie de distinto matiz. Pero hay de ti, cuando oses pasear entre las heridas, pues son del color que te destruirá. Ya sabes, vosotros los camaleones no soportáis el rojo.
Será por la pasión, por la sangre, será por el vértigo que provoca entender que todos somos iguales, aunque no quieras reconocerlo. Así tocaré un blues para calmar este lunes tormentoso.Eieieieie…

(Si deseas un Blues Excepcional pues un Stormy Monday.AQUÍ)






En este enlace podéis pinchar si queréis seguir la publicación de los textos del libro SALPICADURAS .
Ya tenéis los cuatro primeros  relatos completos,
pronto el quinto.
MI SUEÑO...SE PIERDE EL TREN


con las ilustraciones de
José L. Martínez REBOTE.