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sábado, 27 de diciembre de 2014

Un Cuerpo, Un Alma y Mil Salidas.

Un Cuerpo, Un Alma y Mil Salidas.



Tras mil puertas
Un descanso
Columnas efímeras me rodean
Siento que tus agujas me destruyen
O quizás soy yo
Aligero mi existir, declino la vida
Me sumerjo bajo las secreciones de la cicuta
Sin esperar tu alarido
Tranquilo me despierto, al otro lado
Donde puedo poseerte sin esperar destrucción alguna.
Un cuerpo, mi alma y mil salidas
Tientos y abluciones
Estás levitando entre mis dedos
Apenas recorro la cerviz, dueña del roce
Sibilas sin aspavientos
Parpadeas, sugieres, redimes mi estadio perdido
Hube de soñarte mil noches
Acogerme al bastión rendido, a tu negación.
La luna brilla, sigilosa bajo la niebla
Redondea las estelas a tu paso
Cual fénix reluciente, nativo y silente
Apoderándose de mi último aliento
Gesto sin ataduras
Ni reminiscencias de pasos perdidos.
Es verdad ahora aprendí a oír la hojarasca partirse
Ya descubro el peso de la nada
Apoderarse de mi cuello
Filtrar tu soledad, o es mía
Vértigo deliro, ululo loco sobre la morada vacua
Pides, resisto, súplicas, lamentos
Mi piel es testigo del sudor gélido
Tras el repliegue del vellocino que adoramos
El tumulto de tu vientre me ciega, me cegará lejos
Mientes al órdago, sucumbo al olvido.

©Santiago Pablo Romero.Bluesman
Imagen: Patty Maher & JacqPaRo.

domingo, 1 de junio de 2014

Thales, no queda lejos…

 Thales, no queda lejos…

Hubo un tiempo, otrora cercano
Mas ya, perdido en los anales de los vientos…
Por calzadas de la pétrea Mileto
Serpenteaba como su Meandro río
Una cabeza de lúcida conciencia
E incombustible perspicacia, origen de indagación

Capaz de llenar cada sortilegio
De pragmáticas razones para acallar al sol
Tras la luna, en fecha señalada por su voz.
Midiendo las distancias, sin portar medida
Así como Sergio se midió a aquellos venidos de lejos
Mostrando su tesón y sagacidad, inmensa
Cuan si fuera águila en el cielo, ojo avizor porta.
Aquel Thales, quedó teoremas sutiles
Para medir de a dos, como hicieran Dani y Antonio
O eran Antonio y Dani, dicen que el orden no altera
Las sinergias logradas en la diestra guía del balonmano
Aprendiendo a valorar aquello del uno más uno
No siempre han de ser dos, sino unidos, mucho más.
Resultó que María, las pirámides medir quería
Y sus no logrados deseos, el salitre en su cara dibujó
Pues porta sensibilidad por doquier, y hubo sombras
Con Thales calculando, cotejando el periplo terráqueo
Consiguiendo su más preciada arma, su sonrisa.
Mas no todo quedó ahí, hubo pétalos hermosísimos
De aromas en Rosa, sigilosa y tímida, soñadora
Ella sabía diferenciar el mito, llevando la razón
Pues todo ha de ser explicado, Thales le ayudó
Ahora pasean por Mileto los cinco, onírico anhelo.
Dos sonrisas generosas ríen tras las bambalinas
Saben, pues lo saben, que palpitan con ellos
Respiran con su esfuerzo, alientan su grandeza
Cuidan su inocencia, pues vestales aún son,
Madrinas de corte vasto y amplia munificencia
Sí, aplaudan señores, son ellas, Rocío e Isa
Llevaderas brisas sobre la lontananza, tenacidad
Del alma, profesoras que sus espíritus alimentan.

A Vosotr@s chic@s, y Grandes, por lograr estar en un sendero de gloria, sin importar el sitio, sino la hora.
©Santiago Pablo Romero.Thales de Mileto.

Se escucharía con la música de la película: Detachment.


https://www.youtube.com/watch?v=ptTB5YTOk1s
http://www.amazon.com/Entre-plumas-petirrojo-Spanish-Edition/dp/8416068283


miércoles, 9 de octubre de 2013

El Terciopelo del Lobo.

El Terciopelo del Lobo.

Cría de lobezno siento en mi ser
Mientras deshago los pétalos
De suave terciopelo
Para saber, aletargado por la incertidumbre
Adivinar deseo, el sortilegio
Que quiebra tu escenario
De ninfa de aleteo fácil, y silente pose.
Mi atuendo desgrana sencillez,
Inocencia desborda mi porte generoso
Y tu aroma me atraviesa el pecho
Regocijándose en el quiebro
De mi palpitar rutilante de titilar destellante

Al sentir tu golpeo de plumaje fornido
Sobre la copa de mi rosa desmaquillada.
Macerando el aliento del lobo alfa
Que ruge en la noche
Sobre el crepúsculo de la aurora
Se oyen las saetas clavadas en el pecho dócil
Del hombre perdido en la nieve
Helado hasta la cohorte de mendicantes
Y susurros atesorados en sus manos cruzadas
Sobre la espada de Damocles,
Ser grande y amante solvente
O expirar en las zarpas lampiñas de la inocencia.
Sigo de etiqueta vestido
Mientras desfilan los esclavos del denario
Adoradores del áurico estertor del acento
Pues una oportunidad deseo servirte
En bandeja de faisán cazado
Una pluma excelsa que vanaglorie el huso
La luz marcará las huellas de nuestro paso
Lento y taciturno al túmulo sin voz
Al quebranto unido
Al vestigio
Silencio…

Se oye el aullido desigual del niño que llora.