domingo, 19 de marzo de 2017

El aullido de la noche, viento que resuena lejos…

El aullido de la noche, viento que resuena lejos…

Igual que un graznido de cuervos,

viejos quejidos, quitasueños en el jardín,
así resuena la noche
siento el aliento de la guadaña
que se resiente hambrienta,
deseosa de vivo y rojizo manjar
tiene ojuelos ávidos de sueños caídos
y viene rauda al llamado azul.

Pasan de largo las doce campanadas,
no hay brindis, ni festejos
sólo un zumbido silente, quebradizo
de un aire del norte,
con la voz gélida de la oscuridad,
todo parece tranquilo
mas sabemos que no es, sino un aviso,
una señal inequívoca del acertijo cercano.

Un hombre acarrea su silueta macilenta
calle abajo, sereno como las luciérnagas
beodas mariposas centinelas de sus pasos
aporrean sus sienes ciegas
quieren, desean quebrar su camino
saben del final interruptus en sus latidos
mientras el vinilo gira y gira
abreviando cada salto en las huellas de sus surcos.

Nada queda tan lejos, ni tan cerca
sino el rescoldo de aquellas fraguas
que pintabas al atardecer
de unas prebendas ágiles y generosas
como textura prieta de pechos jóvenes,
acaricio el paseo por las nubes
de aquel maniquí que bajó del cielo
para sostenerme la mirada, e irrigar mis befos.

Quiso la dicha, juntarnos allí
justo al encender mi último cigarro
quemar mi enésima moneda
en aquella cabriola incierta
donde las manos se perdían en las aguas
y manoteaba para escapar de las volutas
escapadas de una ciénaga sin salida
sintiendo náuseas por el pasado, sin futuro.
Se ha terminado el ron, y el hielo
no quedan chicas regodeándose en la barra
ni clientes desperdigando los billetes obscenos,
ha caído el telón, las burbujas se han detenido
bebo y bebo, sin olvidar la obviedad
mañana será otro silente y cruel amanecer
miro la calle parpadeante,
escojo caminar por la línea central, sin hacer zigzags.

Escuchas bien, es el sonido del viento
un aullido frágil, un silbido bajo las hojas del limón
arrastrándose igual que la serpiente
buscando ser inteligible, queriendo hacerse ver
pero no dejé espacios abiertos
ni sitio para el consuelo, sólo una rendija libre,
esas diminutas muescas en la persiana
por donde resuena la música taciturna, el rasgueo blue.

No me digas no
cántame la última, estamos en el rompiente
el farol está apagado a la espera
de tu voz, de tu ribeteo en la brisa
igual que palomas cenicientas
que saben encontrar las curvas en las rectas
y despejan las dudas sin significarse
tan fácilmente que parecen mágicos ungüentos.

Rompe la madrugada, ahora todo ha cambiado
las aceras comienzan a dibujarse bajo mis pies
y el frescor me arranca un erizado torso febril,
cada recuerdo se desvanece, la verdad se esconde
tras las cortinas del ayer, y sienta tan bien
no busco, no quiero tener nada tras el mar
ni siquiera un bastión para mis cenizas
si acaso un suspiro en tu aliento, el reguero de tu locución.

Espero que el bosque se cimbree en este tiempo
sin miedos a la ruptura, sean maleables
como la alargada sombra del ciprés
atisbando al atardecer el infinito
y recogiendo la abreviatura en el ocaso
igual que si dibujara el acordeón sin notas
que ruega por la maleabilidad de los metales
para, en un santiamén, ser arma o bella idolatría.

Dos días serían suficiente para pintar el último cuadro
para descubrir el penúltimo poema
o virar el sucedáneo de barco en la huida
igual que un acaudalado señor venido a menos
abandonar el palacio esquilmado
y sabernos hijos de sal, hombres de piel de seda
gruñidos de un animal indefenso
que sobrevuela el entendimiento y la comprensión.

Dos noctívagas señoras me sujetan, el rugir del viento
Y el centelleo de las agujas en la oscuridad de mi ventana.

©SantiagoPabloRomero.Bluesman’17
Imagen:JacqPaRo.(ElAntídoto.UnaConcavidadYMIlRespestas)
Music: MickSimpsonCan'tYouHearTheWindHowl.

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