sábado, 10 de abril de 2010

Descalzo con zapatos nuevos.

Descalzo con zapatos nuevos.

Paseaba, como no podía ser de otra forma. Por lugares dispares. Terrenos baldíos. Empedrados, embarrados, adoquinados, asfaltados, y polvorientos aún. Siglo XXI.

Por donde descalzo anduvo. Por donde sus mocos, tintaban su cara. Sin verlo lo he visto. Su espíritu falsario deambulaba para recordar a quien quiera ver. Seguía jugando, donde él jugaba. Se niega a crecer. Pues se siente traicionado por su portador. Dicen los indios chiricahuas, que el espíritu de un hombre le abandona cuando se traiciona a sí mismo y a sus semejantes. No vuelve a él hasta que cumple su misión, la misión. Todos estamos sobre la tierra para realizar un cometido.

Al pasar por una zapatería, allí estaba el que fuera portador de aquel espíritu juguetón que antes viera en la calle de tierra. Departía con su nuevo amigo el zapatero, antes cada uno pertenecía a una tribu distinta. Ahora, él quería los mejores zapatos. Brillaban hasta no saber si eran para el escaparate o para caminar sobre ellos. El reflejo me hizo ojear los míos, como hablo con todo, les dije, vuestros compañeros cuestan diez veces lo que vosotros, pero no valen nada a vuestro lado, compañeros. Así fue como vi salir al pasado descalzo, ahora el más ricamente calzado.
 Pero la imagen del juguetón espíritu susurró, ya los pagará. Volví la cabeza para ver quien habló. No había nadie, pero supongo se refería a los zapatos recién comprados.

Otro día, los zapatos radiantes llevaban al hombre sin alma, guau me dije, filigranas habrá debido hacer el también ahora sastre, bueno diseñador, que ahora somos muy finos, ozú que no, estudiados. Lucía un traje, como no podía ser de otra manera, acorde a aquellos zapatos. Ya al comienzo de tan preciado desfile, procesión de Vtra.Sra.de vtras. Angustias, se le veía un poco respingón, no iba todo lo alicaído de siempre.

Cuan fue mi sorpresa. Quién es ese tan desaliñado, pedazo de calidad de chaqueta tirada por los bancos de la plaza. Pero un poco más allá, una puerta entreabierta, de un nuevo amigo del centro, silla en ristre para que pudiera sentarse el lagrimado ilustre. Qué te pasó, le preguntaban. Este traje que me está matando, el boutiquario, que se ha quedado los alfileres puestos y me ha cosido el cuerpo a aguijonazos. Pero donde te has hecho el traje en la botica, jaja, de guasa. No, jod.., con muy malas pulgas, como tiene le soltó, en la Boutique. Donde siempre soñé desde chico. Y ahora además los malditos zapatos estos me han reventado los pies, me han costado medio sueldo del que tengo de recadero y me han destrozado los pies, con lo bien que andaba con mis chancletas.
Cuando se miró los pies, tenía unas ampollas para la Uci. Dos lagrimones rodaron por su duro rostro. En esos momentos parecía el mocosillo de aquellos años en su casa con suelo de tierra.
Una sombra juguetona pasó, y volvió a susurrar, te dije que los pagaría, aunque aún no los haya cobrado el zapatero, jeje. Eres cruel, le dije al espíritu. Yo soy cruel?, no hice nada, sólo te conté lo que como espíritu sabía por adelantado. Pero es él quien traiciona a sus coetáneos, a sus compañeros de juegos, a sus palabras, eso es lo peor de todo, se traiciona a sí mismo.
Y todo por lucir unos zapatos que le fastidian los pies. Pues que le den, merecido lo tiene. Y te anticipo, no será lo último. Pues va sembrando su camino de hiel. Por tanto no recogerá mucha miel. No volveré a él.







En este enlace podéis pinchar si queréis seguir la publicación de los textos del libro SALPICADURAS .
Ya tenéis los tres primeros  relatos completos,
pronto el cuarto.
UN HOMBRE DE GAFAS NEGRAS.


con las ilustraciones de
José L. Martínez REBOTE.

2 comentarios:

  1. Así debería
    sentarles a todos
    los alfileres de
    los trajes comprados
    en el boutiquario
    con los sudores de los otros.

    Un saludo León.

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